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La micro y el chicle de menta. diciembre 10, 2009

Posted by wolfman17 in Cuentos y Poemas.
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La segunda micro llegó, y aunque sus deseos reprimidos le atacaban por dentro, no quería contradecir lo que hace unos momentos había determinado; se despidió de ella, y tomo el desgraciado bus troncal. Las puertas se cerraron tras él, y el motor, siempre molesto, comenzó a alejarlo de ella. Se sintió confundido. ¿¿Acaso era él, caminando por el pasillo de un bus del transantiago, camino a casa, nuevamente sin haber hecho lo que quería hacer?? La imagen de ella desapareciendo por la ventana fue tan rápida, pero tan eterna en su mente… Se sentó en el fondo de la máquina, aun confundido. Sí, era él. Sí, él tuvo la oportunidad de hacer lo que sentía, lo que en realidad deseaba tanto… Sí, otra vez, él no la había besado. Y no, nuevamente, él estaba rendido ante su propia timidez, ante su propio fracaso, tan mal… Las puertas se abrieron en el siguiente paradero, justo a su lado. La luz le pareció de pronto una extravagante idea. Era necesario que las cosas pasaran como estaban pasando?? No podrían ser corregidas??  Las puertas volvieron a cerrarse. Era un hecho, él estaba renunciando ante su propia indecisión. Es así?? Entonces que vendrá después?? Si reconocía la posibilidad de bajarse de ese bus, ya estaba atrapado; él no hacerlo, el arrepentimiento, el fantasma de las puertas que nunca abrimos. Bajarse era posible. Entonces porque seguía ahí sentado, pensando?? Él corazón latía fuerte. Se puso de pie, tocó el timbre. La micro se detuvo en el paradero más cercano. Una vez hecho, ya no había vuelta atrás; y eso le gustaba. Bajó, y empezó a correr. Solo habían pasado unos minutos. No iba a detenerse; sabía que cualquier otro camino lo llevaría a la angustiosa pregunta de “¿por qué no lo hice?”. Llegó a la casa, llamó, pidió que la llamaran. Ella salió, sorprendida. Él la tomó de la mano, e ignoró todas las preguntas. Caminaban. Ella se detuvo, no avanzaría más sin una explicación coherente; él sabía que no existía tal cosa, y que si trataba de hablar los nervios lo obligarían arrepentirse de esa loca idea que lo motivaba.

– ¿Por qué volviste?

– Olvidé algo.

– ¿Qué?

* * *

Cuando él tomó el troncal nuevamente, sabía que ya podía estar tranquilo, él arrepentimiento no lo perseguiría… Al contrario,  no podía dejar de sonreír.

ASDASDASDAS

Tengo q retomar, cada vez escribo menos… estoy de vacaciones, y x lo tanto, con menos tiempo q nunka xD

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